Se cumplen 46 años del Festival Rock y Ruedas en Avandaro

Por Ian Islas

Desde que la memoria colectiva existe, cuando alguien pronuncia “Avándaro” no podemos evitar sino asociarlo al festival de Rock y Ruedas que sucedió allá por 1971, un evento que con el paso del tiempo se ha convertido en un mito de dimensiones colosales. Algo que como pocas ocasiones en la historia reciente de nuestro país, daría a la juventud mexicana y el rock la magnitud e importancia que siempre ameritó, que a pesar del lastre permanente de la censura gubernamental, encontró rendijas para trascender a través del tiempo; un fenómeno que hoy en día, con una juventud más desteñida que nunca, seguramente jamás volverá a suceder.

El festival Rock y Ruedas  en Avándaro, no tiene nada que ver con lo que actualmente conocemos por “Festival de Rock”; con la codicia voraz de los organizadores y las empresas gestoras como OC..A. Con el tráfico de influencias de los “manejadores” de talento, o con la censura autoimpuesta y las propuestas tibias de la mayoría de bandas. Quizá el éxito y el tamaño de su trascendencia por generaciones enteras radique en que el festival Rock Y Ruedas fue producto casi de la casualidad. Para sus organizadores, quienes inicialmente proyectaron en este evento una carrera de autos con bandas que amenizaran a los asistentes. Esto fue algo que se les salió de las manos. Casi como si alguien invitara a una banda de punk a su boda. Con todo y eso pocas cosas se podría reprochar o desestimar de ellos; Luis de Llano, los hermanos Eduardo y Alfonso López Negrete, quienes a pesar de todo llevaron el evento a sus últimas consecuencias. Entre 300 y 500 mil personas asistentes, la mayoría jóvenes reales. Los organizadores esperaban no más de 120 mil personas.

En un evento tan rebasado por la asistencia, y con una logística que tuvo que improvisarse paso a paso para salir adelante, fue prácticamente un milagro que todo haya salido tan bien: Saldo blanco, sin muertos, pocos accidentes, sin peleas o asaltos, cientos de miles de chavos, bien enlodados y hambrientos, mariguanos, cogelones, pero felices y pacíficos.  Existen miles de crónicas y relatos que lejos de los opinólogos pazguatos de siempre, transmiten con euforia fiel detalles sobre un fin de semana que marcó a una generación completa. ¿Qué pasó después? Lo  de siempre. Nuestro México es como un campo fértil azotado por langostas; y todo lo que ese impulso pudo generar, quedó a ras de piso. Para ejemplo muchas de las bandas que participaron ¿Qué fue de ellas?. A Excepción del Tri de Alex Lora, no demasiado.

No por eso, dejan de ser figuras con gran peso en la cultura contemporánea, entonces las bandas más importantes del rock nacional;  El amor, La Tribu, Bandido, Los Dug Dug’s, El Epílogo, Tequila, Tinta Blanca, Three Souls in My Mind, Love Army, El Ritual y Los Yaqui. Si viviéramos en una realidad nacional naturalmente equilibrada, la historia hubiera hecho justicia a todas y cada una de las bandas que participaron de este evento, no solo a Luis de Llano, o Vicente Fox (entonces empleado de coca cola).

La sombra de la represión que se ha encargado de esterilizar en nuestro país desde el inicio de su historia moderna todo lo que no esté bajo su control abyecto, hizo lo suyo y, a pesar de su importancia histórica, en la actualidad Avándaro no es sino una curiosidad de anecdotario. Algo de recordar como se recuerdan las visitas del papa. Nada que no sea oficial está destinado a perdurar.

Multitudinario, contracultural, propositivo, joven, autentico; existen muchos adjetivos para describir un evento como el Festival Rock y Ruedas de Avándaro,  pero quizá existen muchos otros para definir lo que no fue. No fue una simulación, ni tuvo un éxito planeado, no fue una explosión comercial, ni redituable, tampoco fue una bacanal. No fue un festival cualquiera, lejos de Woodstock, el Vive Latino, o el Corona; y lo más importante de todo:  No es un antecedente de nuestra realidad actual. No sucedió en nuestro México y  no volverá a suceder jamas.

¡Feliz cumpleaños 46 Avandaro!