Festival Coordenada: fiesta, esquina con melancolía

Festival Coordenada: fiesta, esquina con melancolía

Por: Ángel Armando Castellanos ‘Araña’.
Fiesta. Locura. Alegría. Lágrimas. Un montón de pasiones y sonido impecable. El Festival Coordenada fue histórico. Por primera vez se celebró durante dos días. Quizá, lo más destacado pudo ser la vuelta o el debut de bandas importantes en Guadalajara. Y, sin embargo, vale más quedarse con las emociones generadas.
Día 1
El sábado -perdón, viernes, es la costumbre- hubo dosis de ira. El cartel lo decía todo: Sexy Zebras y Ágora para iniciar el show. Ambas esforzándose por provocar el estallido colectivo. La segunda, con poca suerte más allá de un slam cerca del final. Tal parece que el metal cada vez queda menos en los festivales rockeros.
Momento romántico, rosa, emo y jarcor. División Minúscula, por favor. Entre abrazos y besos de un montón de parejas -imposible contarlas- dentro de la muchedumbre transcurrió su presentación. Insistente como desde hace tres o cuatro años, la banda poco a poco va despojando su setlist de temas clásicos y va llenándolo de los que aspiran a serlo. A la carga, Frenesí.
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Acto seguido, a unos metros, The Cribs llegaban a Guadalajara por primera vez. El grupo de fans, no tan nutrido, pero escandaloso que lo recibió transmitía curiosidad y ansiedad en su mirada. ¿Cómo calmarla? Con salvajismo salido de una cochera. El sonido gris se volvió plateado. Las luces rojas regalaron sabor a cereza, dulce, furioso y ácido al mismo tiempo.
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Después del ataque, era necesaria la paz, la reflexión y alguna sonrisa. Gracias, Cultura Profética. Dentro de su mar de temas para amar y calmar los ánimos -los coros demostraron que este último objetivo no se cumplió- llegó la protesta con «Le da Igual». Manos arriba. A bailar, sacar, prender y sorprender.
Interpol, llamada a protagonizar el festival, no lo hizo por completo. Abrazó a fans e ignorantes con canciones de antaño. Ellos replicaron. El perfecto español de Paul Banks fue recibido con alegría. Sus temas, con una necesaria y paradójica dosis de nostalgia entre quienes probablemente los escuchaban en vivo por primera vez.
El día cerró con Phoenix. El arcoiris que iluminó el escenario se trasladó a los presentes. Emociones contrastantes manifestadas en el rostro de cada uno. Algunos con sorpresa y otros con la alegría de descubrir un sonido totalmente nuevo. Alguno, más atraído por la panorámica, terminó sobre un árbol que regaló inmejorable vista.
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Día 2
Mucha más alegría. La nostalgia quedó casi desterrada a partir del trabajo en equipo con etiqueta albiceleste. Arrancó con Estelares. Los argentinos, poco o nada habituados a Guadalajara no se metieron en problemas. Temas clásicos más «Los Asertijos», corte de difusión de su último material, «Las Antenas». Punto y aparte el cierre con «Un Día Perfecto» en colaboración con Los Caligaris.
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Siguió La Habitación Roja. El calor invitaba a todo menos a la tristeza. El azul, preponderante en gran parte de sus temas más populares, quedó reservado para el cielo. Querían alegrar más a la gente y lo lograron. El coro generalizado en casi todas las canciones lo demostró.
Fanko y la esencia tapatía en su máxima expresión. Calor desde los metales. Sonrisas en las percusiones. Diversidad en cada interpretación. Un público dispuesto a corear los temas que ha compuesto la banda y los que tomó de su predecesora Plástiko. Nostalgia, sí, pero con un fuerte toque de fiesta.
Reyno y adiós baile para dar paso a las réplicas y los «te amo». ¿Para qué dar espectáculo desde la estridencia cuando puedes hacerlo desde la calma que una buena balada genera? ¿Para qué invocar a la locura? Caras anchas a partir de la cordura.
Contraste total a partir de la aparición de Víctimas del Doctor Cerebro. La tarde estaba en su apogeo y exigía algo que la hiciera explotar. Los gestos intensos, saltos y en general, el fuego que generan las Víctimas del Doctor Cerebro llenaron por completo el vacío. Punto y aparte el slam que la propia banda exigió y vio cumplido.
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La noche hizo su aparición y con ella Band of Horses. Su música, mucho más propicia para una lluvia ligera y fría, que para el aire caliente que todavía se sentía, llegó en el momento perfecto. Por primera vez se presentaba en Guadalajara y pareció ser un clásico. La humedad que se precisaba se manifestó en forma de lágrimas y gargantas destrozadas en cada tema.
Basta de dolor por recuerdos que todavía no cicatrizaron. El calor exige fiesta y Los Caligaris la regalan. El show más alegre del mundo apareció. Saltos y coros en el público. El suelo, en algún momento vibró. Globos para celebrar y fernet para hidratar gargantas secas de tanto cantar.
Un poco más de furia para equilibrar. Garbage estaba en casa. Una poco habitual, pero casa al fin y al cabo. Su vocalista, más cercana a Marilyn que a Shirley Manson, entregó un espectáculo impactante. Mucha fuerza y un poco más de pasión para dejar al público tan satisfecho como impresionado.
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Los Auténticos Decadentes se dejaron ver con un setlist lleno de clásicos. Más circo y más alegría. Paradójicamente, autenticidad que no muestra síntomas de decadencia. El broche para su presentación fue la invitación a Los Caligaris para compartir escenario: las Tortugas Ninja y los Power Rangers en el mismo sitio siendo aclamados por sus fans.
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El cierre llegó con Molotov. Una bomba lista para terminar con lo que quedaba de energía en el público. No había para qué complicarse. En un festival casi siempre se tocan los clásicos. Así lo hicieron y funcionó. No había necesidad de cambiar.
GALERÍA
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