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Estuvimos en el festival Amplifica en el Palacio de los Deportes.

Por: Ángel Armando Castellanos ‘Araña’
Foto: Lulú Urdapilleta (Cortesía OCESA)
Tan paradójico como pedir que se nos despierte cuando pase el temblor y afirmar que la tierra se sigue moviendo. Tanto como gritar consignas contra el sistema desde la tribuna que éste mismo proporcionó.
Irónico como resaltar el aroma de la banda sin bajarse del escenario a percibirlo realmente. Pedir unión ante 25 mil personas que nunca se habían visto.
AMPLIFICA se celebró en el Palacio de los Deportes. Tan mexicano como la celebración del 1 de noviembre. Como las escenas de películas de María Félix en las que recibe agresiones físicas de un hombre y Mon Laferte le canta a la dignidad de la mujer.
Gracioso como un discurso que exige nuevos tiempos mientras canta las mismas canciones desde hace más de 20 años. Y el público, razonado, entendido, las corea como si fueran un himno. Las «nuevas» como «Lagunas Metales» (Molotov) o «Jei Beibi» (Café Tacvba) apenas las reconoce.
Nacionalista a morir. Respetuoso de la costumbre de llegar al menos 15 minutos tarde y cantar como si nada mientras pregunta a su alrededor cuántos artistas se han presentado.
Razonado decreto de León Larregui bajo la influencia del alcohol: que El Grito no se celebre el 15 de septiembre, que sea el 19, el día que México despertó. Adiós música y hora de dormir.
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