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Centro Histórico de la CDMX, puente entre la nostalgia y la modernidad

Por Víctor Ocadiz

CIUDAD DE MÉXICO, octubre 2018 (Radeeal).- Cuando evocamos algunos pasajes arraigados en la memoria y el gusto de visitantes nacionales y extranjeros, varios de ellos tienen su origen en el Centro Histórico de la Ciudad de México: Museos, templos, monumentos religiosos y civiles, plazas, claustros, jardines, fuentes, obras de arte, vestigios de distintas culturas y etapas históricas, así como expresiones inmateriales de tradiciones que han sabido evolucionar a partir de un sinfín de fusiones.

La diversidad de sus puntos de interés es tal, que en diciembre del 2017 se cumplieron treinta años desde que fuera declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad. El 11 de diciembre de 1987, la Unesco le brindó tal reconocimiento al Centro, que es el de mayor extensión en toda América Latina.

Esa zona representa uno de los núcleos culturales y turísticos más concurridos a nivel mundial. En su área, de 668 manzanas, alberga a cerca de mil 500 edificios de gran valor histórico y artístico, en los que tiene lugar una actividad incesante que le imprime un colorido sin igual.

El Centro Histórico es el más grande de América Latina; y su historia se remonta, al menos, hasta 1325, cuando era tan solo un islote rodeado de lagos navegables, que constituían las principales vías de comunicación de la época precolombina.

De aquellos días, aún contamos con testimonios materiales e inmateriales. En cuanto a los primeros, basta recordar que en el Centro se encuentran vestigios de por lo menos cinco templos aztecas: El Templo Mayor de México Tenochtitlan, que era considerado en la cultura mexica como el centro del universo.

La Catedral y el Sagrario Metropolitano, ubicados a un costado del Templo Mayor, también son los de mayor magnitud de toda América Latina; y representan emblemas de la época virreinal, así como ejemplos de las expresiones sincréticas que se presentaron en nuestro continente.

Además de estos elementos habría que destacar el propio Zócalo, la Plaza de la Constitución, sede de los poderes Ejecutivos federal y de la Ciudad de México, y punto de reunión que, a lo largo de los siglos, la sociedad ha sentido con justa razón como el corazón de la vida pública.

El Palacio Nacional, con su valor histórico y arquitectónico, que presenta obras de renombrados artistas, como los murales de Diego Rivera, junto con el Antiguo Palacio del Ayuntamiento y el edificio de la Asamblea Legislativa, son de los atractivos de esta zona de la capital mexicana.

Asimismo, se encuentran templos como el de San Fernando y el de San Hipólito, que trascendieron su función original y continúan siendo lugares que reúnen retablos, obras de joyería y herrería de gran belleza, además del Antiguo Palacio del Arzobispado, el Palacio de Minería, el de Medicina, el de Correos o el de Bellas Artes, lo cual nos habla de una vitalidad prácticamente ininterrumpida, pues fueron construidos en distintas etapas históricas, desde los tiempos novohispanos hasta el siglo XX.

En el Centro Histórico convergen el pasado y la era moderna, como lo ejemplifican la construcción de la Torre Latinoamericana o los remozamientos de plazas como las de Garibaldi —un símbolo de la música mexicana a nivel mundial— y la Alameda Central, entre muchos otros proyectos de restauración que se han emprendido en los últimos años, con el propósito de conservar el esplendor propio de la zona.

Y este rasgo nos permite comprender que el Centro, además de todo su linaje histórico, tiene las puertas abiertas a la modernidad y es uno de sus motores. Este carácter dual está bien representado por sus numerosos e interesantes museos, donde destacan el Museo Nacional de Arte, el Museo de la Ciudad de México, el Antiguo Colegio de San Ildefonso o la Academia de San Carlos, junto con galerías, cafés y otros puntos de reunión donde se brinda espacio a las expresiones culturales contemporáneas.

La mejor manera de celebrar estas tres décadas de reconocimiento del Centro Histórico de la Ciudad de México como Patrimonio de la Humanidad es recorrerlo para seguir descubriendo todos los aspectos tan vastos que nos depara. Así́ que no hay más que salir y disfrutarlo.

 

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