Un sábado en la Plaza de Santo Domingo, en la Semana de las Juventudes.

¡El punk no está muerto! Al menos no el happy dosmilero. Los milenialls, eternos adolescentes, gritan que los mantiene jóvenes. Al carajo el rock a secas. Tungas, Chingadazo de Kung Fu y Delux lo demostraron el sábado en la Plaza de Santo Domingo durante la Semana de las Juventudes.

Tungas, te cambio el corazón por la rebeldía

La rebeldía como bandera. ¿El horario decía que primero iba Chingadazo de Kung Fu? ¿Los fans estaban gritando el “wooo oh oh, wooo oh oh oh, wow oh oh oh oh” para alentar a salir al grupo? ¿A quién carajos le importaba? Los tres micrófonos indicaban que a alguien le estaba valiendo madres o que Chingadazo tendría de arranque a una tercer voz. Tungas iba primero, chingue su madre.
El lugar, por primera vez en más de 24 horas estaba lleno y la vibra ya parecía la de un festival. Nada que ver con la noche anterior, opacada por la presentación de Caifanes en el Zócalo que arrastró a la fanaticada que pudiera haber visto a Belako y a Descartes a Kant. Oficialmente había iniciado la fiesta.
Los fans de Tungas son bastante parecidos a los de Chingadazo. Más bien, son casi los mismos. Aunque el grupo liderado por Aldo Camalle y Negri Revueltas tuviera más tiempo, arrastró a sus seguidores a convertirse en adoradores de los cada vez menos novatos.
Hervidero desde la primer canción. El setlist fue para no complicarse. Mayoría de temas del “Vamos Perdiendo El Corazón”. Hace unos meses estaban despidiendo ese disco en el Foro Bizarro, pero parece que jamás se irá de los setlist ni de la memoria emocional de quienes corean y slamean en cada ocasión.
Estalló. Abajo todo valió madres. El desastre se tornó en arte a partir del slam. No era sólo tirarle putazos al de junto mientras se saltaba. Era abrazarse y corear el tema con el que te hiciste adulto. El clímax de Tungas dejó a muchos caídos y a más levantados. Cada canción era un pretexto para emocionarse más. Y así, rápido e inesperado como su arranque, fue su final.
¡Mira qué Chingadazo tiró!
Acomodo rápido de instrumentos. Jaloneo de cables sin decir agua va. Como si el punk estuviera presente hasta en el cambio de banda, llegó Chingadazo de Kung Fu.
Marino, Alejandro y Alberto todavía no se lo terminaban de creer. Daría la impresión de que a pesar del transcurrir de los shows, se siguen sintiendo como si fuera su primer -añada su venue de Roma-Condesa favorito- y la pregunta fuera si sus novias van a ir a verlos y si llevarán a dos o tres amigos. Sus rostros delataban nerviosismo.
Se veían como adolescentes en tardeada. Ese brillo en los ojos digno de cualquiera que vaya a tocar un tema para ver si liga o si le dan un trago gratis. Y es que sus temas pueden ser así. Probablemente por eso convocaron a tal cantidad de gente. Tipos que gritan que quieren seguir haciendo las locuras de su adolescencia o de sus 20’s y desahogando las consecuencias en una canción para la culera de la ex que se pasó de verga por no asumir un capricho de aquel que se piensa enamorado.
Tan de pelos recién salidos del pubis como del extracto de un material titulado “Orinando contra el viento”. Así explotó cada canción. Desde “Rehab” hasta “Imape” pasando por el nuevo “Asunto Pendiente (Mi Playera, Tu Pijama)” y la colaboración en “Sigo Perdiendo” con Aldo Camalle.
Probablemente el slam más salvaje de los tres días se vio justo durante la interpretación de esos temas. La euforia de tres adultos que le cantan a la resaca de su pubertad se reflejó en decenas de sujetos que proyectaron sus frustraciones con el abdomen descubierto, la cerveza en el aire y los codos en el alma del prójimo. Todo con un fondo musical lleno de la alegría de quien cree que ha superado su propia tragedia.
Dentro de ese salvajismo, hubo momento para que la masa se dejara guiar por Alejandro. El guitarrista pidió -casi innecesariamente porque igual se hacía a cada rato- que se formara un círculo y el slam se hiciera en forma “controlada”. Tan controlada que él mismo elogió un salto con todo y patada -un chingadazo de kung fu- que algún extasiado fan soltó a mitad del círculo. Normal en sus shows.
Y al final. Otra “normalidad” que sigue dejando fría a la banda. Marino, el vocalista, se dejó caer boca abajo sobre el público que lo recibió para dejarlo caer poco a poco y compartir una leve dosis de mosh pit con él. Ídolo aunque todavía no le caiga el 20.
Con la música terminada, salió en lo que Beta se acomodaba. ¿Para qué? Durante al menos 15-20 minutos sintió lo que probablemente implique ser un rockstar -¿o punkstar?. Fanáticos con la adrenalina a tope que querían la foto con él. La esquina de Belisario Domínguez y Brasil se abarrotó. Poco faltó para que la policía llegara a tratar de controlar una expresión que no muchos vocalistas pueden vivir en México.
De lujo, siguen moviendo masas
Probablemente los pseudoadolescentes que aclamaron a Tungas y a Chingadazo todavía no salían solos de noche cuando Delux ya era Delux. No importó. De alguna manera -gracias Spotify- se sabían cada canción.
El lugar seguía tan lleno como dos horas antes. La luz escaseaba. Pero los rostros con expresión de “estúpido, mi juventud, idiota”, seguían tan iluminados como si fueran las tres de la tarde. Y lo más importante. Sus ganas de convertir la noche en un ritual de nostalgia estaban intactas.
Porque no sólo se trataba de recordar lo que fueron o pudieron ser, sino de gritarlo y volver a convertirse en algo que realmente los definía. La agilidad, perdida con el sudor -¡qué pedo! ¿calor en noviembre?- se evaporó y pareció retornar en forma de lluvia interna.
Y Delux fue un lujo gracias a su público. El que slameó como si no lo hubiera hecho en toda la tarde y el que coreó “Quien Comparte Tu Silencio” como si acabara de terminar una épica relación, una que entre la banda y ellos, sigue intacta.

Este sabado 11 en la Plaza de Santo Domingo estuvimos cubriendo la serie de conciertos como parte de la Semana de las Juventudes.

Posted by Radeeal.fm on Tuesday, November 14, 2017