“TODO PASA”, MENOS EL AMOR DE Y PARA CARLA MORRISON

Por: Ángel Armando Castellanos ‘Araña’
“Todo Pasa”, no lo dice abiertamente, pero se asume como tal. Es una estrella y puede hacer lo que le dé la gana, incluso, anunciar su documental y recibir ovaciones a cambio. Carla Morrison se adueñó del Teatro Metropólitan este miércoles por la noche en el cierre de la gira de “Amor Supremo”.

Foto: Salvador Bonilla / OCESA

Y así, suprema, monárquica, autoritaria, se presentó. En el mismo show puso a una niña, tierna y caprichosa, y a una mujer, madura y capaz de sacar lo mejor de sí misma de la forma más inteligente posible. Se sabe una estrella y quizá motivada por el soldout anunciado tres semanas antes, se atrevió más que en ocasiones anteriores.

Foto: Salvador Bonilla / OCESA

Sobre el escenario, globos y una fiesta de XV Años para celebrar a una mujer madura. Detrás de ella, una batería, teclado, cuatro metales -con todo y su director- un violoncello, guitarra y bajo. A ratos, guitarra acústica y contrabajo. Abajo, las ovaciones y coros. El buen sonido quedó de manifiesto en cada canción. La niña quería ser protagonista y lo fue.

Foto: Salvador Bonilla / OCESA

A la mitad, luces apagadas y visuales más encendidos que en el resto de las canciones. La música se apagó y apareció el trailer de “Todo Pasa”. “Siempre me critican por ser mujer y por mi peso… Quiero que México esté abierto a esas cosas”, se le escuchó decir en lo que a la postre ella misma confirmó como el trailer de su documental. Es Carla Morrison, y ante un Metropólitan lleno podía y pudo hacerlo.

Foto: Salvador Bonilla / OCESA

Se sabía dueña de la situación y continuó. Canción tras canción. La melancolía y el enamoramiento en el mismo escenario. “Los te amo” cada vez que hacía puentes entre tema y tema para hablar. Ella, ignorándolos y cual reina, concentrada en decir lo que le nacía decir. Bendita autenticidad.
Al final hizo por irse. Presentó a sus músicos y dio las gracias. Pidió que la dejaran llorar y cuando las luces para salir estaban encendiéndose, accedió a tocar otra canción. Se escuchó el último coro y entonces sí, se fue dejando una sensación de melancolía.