El día que Enjambre le puso picante a su miel

Cada vez que se les pregunta por la comodidad de su estilo musical se incomodaban y respondían con un clásico “es lo que hacemos y lo que nos gusta”. Tanto ha ido el cántaro al agua, que Enjambre se ha rebelado contra sí mismo en el Auditorio Nacional.
Para muchas bandas resulta tan poco manejable la presión del Coloso de Reforma que terminan por hacer un show a la segura, justo lo que sus fans no pretenden ver. Los zacatecanos lo asumieron de esta manera. Decidieron arriesgar por completo a pesar de que pudieran llevarse entre las patas el estilo de conciertos que los ha caracterizado durante años.
El evento se había retrasado varias semanas. Casi dos meses, para ser exactos. Y aunque no hubo firma de soldout, Enjambre se comportó como si así hubiera ocurrido. Todo estaba dado para comerse a la gente.
El riesgo fue calculado. Pensaron en cómo combinar ambas situaciones sin que una terminara absorbiendo a la otra. Y lo lograron. El público terminó a sus pies, literalmente. Satisfecho por completo. Pocos “otra, otra”, al final de la presentación. Muchos aplausos y demasiados gritos de alegría.
Desde el sonido llegó la evolución. Cuarteto de cuerdas en algunos temas. Una ejecución de batería que dotara de mayor potencia al conjunto. Y las guitarras sonando con más agresividad; sus protagonistas, mucho más compenetrados con el público. Y Luis Humberto Navejas convertido en un showman que quería decir con todo el cuerpo lo que estaba cantando.
En todo momento hubo control del show. Relajados por completo. Seguros de que eran amos y señores de lo que los rodeaba, Sabiendo que el “reto completado” ya tenía la palomita y que se trataba de disfrutarlo. Eso fue lo que transmitieron.
Poco o nada que reprochar. Quizá, justo lo destacable. No aceptaron morir con la suya. Extrañamente hubo invitados, no exagerando en modo “es nuestro show y le damos chance a los amigos”. sólo en “sábado perpetuo” llamaron al escenario a Banda de Turistas. Los argentinos fueron más testigos que protagonistas del momento cumbre del espectáculo, porque eso era, un espectáculo.
El adiós llegó con un tema esperado. “Vida en el espejo” y con “Este invierno”. Tan claros estaban que ambas canciones iban a funcionar, que dejaron fluir absolutamente todo lo que tenían a su disposición y cantaron con calma para terminar el ritual del rockstar. ¿Resultado?, aclamación popular.